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Actualizada: 12 de Diciembre de 2.006.  

 
 
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 A los 70 años del Alzamiento Nacional.


La Olimpiada Popular de 1936 en Barcelona.

Eduardo Palomar Baró.


Las Olimpiadas Obreras, fueron una serie de eventos deportivos realizados entre 1925 y 1937. Como su contraparte, los Juegos Olímpicos, eran una iniciativa que buscaba promover el deporte y la amistad pero organizada por los trabajadores. Su énfasis era no promover las rivalidades nacionales por medio de una guerra deportiva como eran consideradas las Olimpiadas sino enaltecer la solidaridad y compañerismo en el deporte. Para ello se tocaba la Internacional y no los himnos nacionales y la única bandera era una roja, tradicional símbolo del movimiento obrero y socialista.

Su organización estaba a cargo de la Internacional Deportiva Obrero Socialista (SWSI, en inglés). Entre los deportes que se practicaban estaban el fútbol, gimnasia, ciclismo y atletismo.

La Olimpiada Popular fue programada por el COOP (Comité Organizador de la Olimpiada Popular) para realizarse en Barcelona entre el 19 y 26 de julio de 1936 y fue organizada como protesta a los Juegos Olímpicos que se habían de celebrar en Berlín en este mismo año. El recientemente electo gobierno del Frente Popular decidió boicotear los juegos de Berlín, no enviando representantes de España y organizando un acontecimiento deportivo alternativo.

Se habían inscrito 6.000 atletas de 23 naciones, siendo las delegaciones de EE.UU., Francia, Suiza, Inglaterra, Países Bajos, Bélgica, Checoslovaquia, Dinamarca, Noruega, Suecia y Argelia las más numerosas. Los equipos de Alemania e Italia estaban compuestos por exiliados de dichos países. También había representaciones de atletas judíos emigrados, de Alsacia, Euskadi, Galicia y Cataluña. En la tarde del 18 de julio las delegaciones de 23 países y regiones desfilaron por las Ramblas.

La Olimpiada Popular abría diferentes formas de participación en lo que respecta a la adscripción territorial. Se establecieron tres categorías: nacional, regional y local. De esta manera, las delegaciones podían mandar en cada deporte tres representaciones, y se entendía que así la olimpiada no sería sólo una competición entre estados, sino que dejaba la puerta abierta a que equipos no estatales participasen en las pruebas, como por ejemplo Alsacia y Lorena, o el Marruecos bajo dominio francés y el Marruecos español. En este sentido el COOP introducía sobre todo en los deportes de equipo, un sistema de delegaciones que rompía el monopolio estatal. También se puso especial énfasis en la participación de las mujeres, que por esta época aún tenían dificultades para acceder al deporte.

La mayoría de los atletas pertenecían a asociaciones y clubes deportivos sindicales y de los partidos de izquierda y no los comités deportivos estatales u olímpicos.

En total había competiciones en 16 deportes, como fútbol, tenis, baloncesto, boxeo, atletismo, lucha, pelota vasca     e incluso ajedrez. La Olimpiada Popular basaba todos sus actos en las subvenciones concretadas del Gobierno francés (600.000 francos), Gobierno español (400.000 pesetas) y Generalidad de Cataluña (100.000 pesetas).

Francia, que tenía un gobierno de izquierdas presidido por Leon Blum, se volcó para apoyar la Olimpiada Popular.

Estaba previsto usar los alojamientos y hoteles construidos para la Exposición Internacional 1929. Los extranjeros dormirían en el Hotel Olímpico de la Plaza de España y en el Estadio de Montjuich y los españoles en los Hoteles Olímpicos nº 1 y nº 2 del recinto de la Exposición. Se habilitarían como restaurantes, el Palacio de las Misiones para atletas españoles y el Estadio para los extranjeros. Pero ante los 20.000 visitantes que llegaron a Barcelona, fueron insuficientes, desbordando las previsiones y creando problemas de hospedaje.

 

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El estadio de Montjuich sería la sede de los juegos, que tenían que inaugurarse el 19 de julio de 1936 con diversas manifestaciones y fiestas y que duraría una semana.

El programa sería el siguiente: A las 4 de la tarde presentación de los deportistas y salutación por el secretario del Comité ejecutivo, don Jaime Miravitlles; ofrecimiento de los juegos por el presidente de los Juegos, don José A. Trabal; bienvenida a los deportistas y folkloristas por el alcalde de Barcelona, señor Pi Suñer; inauguración de los Juegos por el honorable Presidente de la Generalidad de Cataluña, don Luis Companys.

Cinco coblas de Barcelona ejecutarán “Juny” y “Els Segadors”, acompañados de la masa coral, bajo la dirección del maestro Morera.

Sports: Carrera internacional de relevos de 20 por 500. Folklores, “Xiquets de Valls” y “Ballets de Folgueroles”.

Parlamento final de don Ventura Gassol, comisario del Gobierno de la Generalidad en los Juegos.

Finalizará el festival con “La Santa Espina”, ejecutada por 5 coblas, la masa coral y los danzantes.

A las 10 de la noche, en el Estadio iluminado.

Primera parte: Los Orfeones de Barcelona acompañados de cinco coblas y 1.000 ejecutantes.

Segunda parte: Manifestación de folklore.

Tercera parte: Danzas catalanas, finalizando con el espectáculo “La Patum de Berga”.

En esta manifestación de arte folklórico, tomarán parte más de 3.000 folkloristas de diferentes lugares de Cataluña.

El día anterior a la fijada para la inauguración oficial, o sea el sábado 18 de julio, el estadio hervía de actividad. Muchos atletas extranjeros se encontraban allí para entrenarse y para confraternizar con otros participantes de los Juegos. También se encontraban jóvenes barceloneses miembros de la sección deportiva del Ateneo Enciclopédico Popular, de la Escuela del Trabajo de Barcelona, el Centro Gimnástico Barcelonés y de otros clubes locales. Se hizo un ensayo general, así como ejercicios gimnásticos para ser presentados al día siguiente. Muchos miembros del comité organizador estaban cansados y decidieron quedarse a dormir en el estadio.

En la noche del 18 de julio el violonchelista Pau Casals dirigía los ensayos de la Novena Sinfonía de Beethoven que la orquesta, con la colaboración del coro del Orfeó Gracienc, iba a ejecutar al día siguiente en el Teatro Griego de Montjuich en la inauguración de la Olimpiada Popular.

 

ARRIBA     



El triunfo del Frente Popular en las elecciones de febrero de 1936 supuso para el Partido Comunista de España (PCE) su definitiva inserción dentro del régimen republicano. Sus candidatos elegidos al parlamento y su participación en el apoyo al gobierno que se constituiría le sacaron de la periferia del sistema político y le convirtieron en uno de los principales defensores de la República en una lucha que ahora se planteaba en los términos fascismo-antifascismo. En esta pugna el PCE estaba llamado a desempeñar un papel destacado y a diferencia de los primeros tiempos de la República, en que su postura ante el régimen le convirtió en objeto de persecución por parte del gobierno republicano-socialista, ahora encontraría campo abierto a su desarrollo como partido de masas.

El PCE demostró entonces su capacidad de liderar un verdadero movimiento de masas, como fue el que se promovió para la organización de la Olimpiada Popular de Barcelona de julio de 1936. Este acontecimiento deportivo, que se presentó como la alternativa a los Juegos Olímpicos que debía celebrarse en el Berlín gobernado por los nazis, no sólo recibió el apoyo de las organizaciones deportivas comunistas, sino que también consiguió el apoyo y el concurso de los gobiernos español, francés y de la Generalidad catalana dirigida por Luis Companys Jover, así como la adhesión de diferentes deportistas internacionales. Todo ello demostró la capacidad que había adquirido la organización comunista, para ponerse al frente de la lucha antifascista.

La campaña contra la “Olimpiada Parda”, como pronto pasó a denominar Mundo Obrero a los Juegos Olímpicos de Berlín, fue un tema constante de las secciones deportivas de la Prensa del PCE a lo largo de 1936. El Partido Comunista detectó pronto el carácter propagandístico y apologético que este acontecimiento iba a jugar a favor del III Reich, por lo que comenzaron sus denuncias encaminadas a que en estos juegos se practicaba la discriminación racial, se fomentaba el chauvinismo y el militarismo, lo que suponía una auténtica “prostitución de la idea olímpica”. Con ello daba a entender que la acusación no tenía un carácter político, sino estrictamente deportivo.

El Comité Español para la Defensa del Espíritu Olímpico (CEDEO), creado y apoyado por círculos comunistas y socialistas, justificaba sus esfuerzos para evitar la participación española en los juegos de Berlín, manifestando que:

“La más grande de las aspiraciones que a nosotros nos mueve a esta lucha es la defensa del sentido inicial de las Olimpiadas, esto es: la estrecha unión y la fraternidad de todos los pueblos y razas en una competición deportiva. Nosotros, amantes del deporte, y prescindiendo de toda ideología política o social, nos hemos agrupado para defender ese espíritu, verdadero sendero de las Olimpiadas, que veremos violarse si esta XI Olimpiada se celebra en el antro de las injusticias y persecuciones.”

Consciente el PCE de la función propagandística que el gobierno nazi daba a los Juegos Olímpicos se hacía necesaria una acción que la contrarrestase: 

“¿Qué significa la Olimpiada de Barcelona? La respuesta de los deportistas de Cataluña, España, Euskadi, con el concurso de los otros países, al insulto proferido por el fascismo. La restauración de la idea olímpica, que nosotros antifascistas, acogemos para su defensa. La noble competición de los atletas de todos los países, unidos en sentimiento común de confraternización de pueblos y de razas.” 

Si esta respuesta de los deportistas era encabezada por el Partido Comunista, tanto mejor. En continuidad con lo que había sido la campaña “apolítica” de desprestigio de la “Olimpiada Parda” en los meses anteriores, se puso especial énfasis en mostrar que las reivindicaciones que se lanzaban no era un objetivo propio del comunismo sino común a un conjunto extenso de la población con la que el PCE estaba en consonancia.

ARRIBA    



La organización de la Olimpiada Popular de Barcelona, en respuesta a los Juegos Olímpicos por la Alemania de Hitler, tuvo un claro seguimiento por el mundo socialista, aunque menor que el otorgado por los comunistas. El periódico El Socialista se hizo eco de los preparativos de la Olimpiada. El 8 de junio de 1936 bajo el titular La Unión Soviética se prepara para la Olimpiada Popular de Barcelona se informaba de los preparativos de la misma como la información deportiva más destacada de ese día, donde se informaba de la constitución del Comité Regional Pro Olimpiada Popular de Galicia en Vigo, así mismo con el titular Contra la Olimpiada de Berlín aparecía la información: 

“Los clubes deportivos y culturales obreros siguientes: Club Olan, Los Camaradas, C.D. Centella, Unión Juvenil y los Gauchos, se solidarizan con la actitud adoptada por el Gobierno de no contribuir material ni económicamente a la Olimpiada Parda de Berlín y proteja con todos sus medios a la grandiosa manifestación deportiva juvenil de la Gran Olimpiada Popular de Barcelona, porque con ésta está toda la juventud trabajadora de España”.

El día 1 de julio de 1936 informaba a dos columnas de la organización del día Pro Olimpiada Popular en los siguientes términos: 

“El próximo viernes se celebrará en toda Cataluña, España y Euskadi el Día de Propaganda de la Olimpiada Popular. Todos los Comités nacionales y regionales, locales y de barriada movilizarán este día todos sus componentes, las entidades y organizaciones adheridas y toda la masa popular de simpatizantes con el deporte con el fin de dar el último impulso a la popularización de la Olimpiada Popular. Coincidirá este día con a mayoría de los festivales deportivos que se celebrarán por toda España para acabar la selección de los equipos que participarán en la semana popular de deporte y folklore. Los actos de ese día revestirán cierta grandiosidad en todas las regiones de España, donde la preparación de la Olimpiada Popular ha encaminado las masas de simpatizantes hasta la participación activa en el movimiento deportista popular.”

A lo largo de los días siguientes continuaron apareciendo de forma destacada en los titulares informaciones sobre la marcha de los preparativos de la misma y así el 18 de julio de 1936 informaba de la composición de la delegación madrileña y de la salida desde París de la delegación deportiva francesa.

ARRIBA     



La campaña electoral a favor del Frente Popular emprendida por los comunistas encontró en el deporte un elemento de movilización en el que concretaron su programa de articulación del deporte popular a través de la F.C.D.O. (Federación Cultural Deportiva Obrera). Notificaban una magnífica noticia: “el apoyo del Frente Popular al deporte y a la cultura”.

“El Comité Regional de Andalucía Occidental de la Federación Cultural Deportiva Obrera ha enviado a las diferentes representaciones electorales de los partidos de izquierda, para su aceptación,  un programa de hechos a favor del deporte y la cultura populares, programa que habrá de llevarse a la práctica con el apoyo de la F.C.D.O. y de acuerdo con ella. 1º. En los próximos Presupuestos que laboren las Cortes se votarán subvenciones que se estipularán de acuerdo con esta F.C.D.O. de Andalucía Occidental en ayuda de la cultura y los deportes populares, destinados a la construcción de gimnasios, campos de fútbol, piscinas, bibliotecas, cuadros artísticos, escuelas, etc. 2º. Estas subvenciones deberán, en último extremo, ser facilitadas de las que hoy se dedican a este fin, para las organizaciones y Federaciones burguesas y fascistas, que la utilizan con fines de lucro y comercial y en contra de los deseos e intereses de los deportistas amateurs y las organizaciones no fascistas. 3º. Conseguir del Parlamento que se autorice por los Gobiernos del país la entrada de los deportistas soviéticos para contender con los de nuestro país, hecho que ha sido denegado por los Gobiernos del “bienio negro”. 4º. Las cantidades que se votarán en los Presupuestos o las subvenciones que se consiguieran serán distribuidas por la F.C.D.O. de Andalucía Occidental que se encargará de beneficiar a todas las organizaciones a ella adheridas y simpatizantes, las cuales significan la mayoría de las existentes, haciendo extensivas estas medidas a los Clubes, Ateneos y equipos modestos de la demarcación de esta F.C.D.O.”

En el manifiesto de la F.C.D.O. en apoyo del Frente Popular se contenía la visión compartida por los comunistas acerca del deporte. 

“Las amplias masas de la juventud laboriosa de nuestro país tienen más derecho que nadie a disfrutar de los beneficios fisiológicos de los deportes y de la cultura física. La F.C.D.O. trabaja incansablemente por conquistar para los jóvenes españoles una vida alegre y sana de deporte y estudio. Millares de elementos de la nueva generación de nuestro país sienten inclinación por el teatro, la música, el cinematógrafo, la literatura, etc. Les gustaría participar en las labores o trabajos de un cuadro artístico, de un grupo de cine-club, de una rondalla. Nosotros, que somos partidarios de la cultura y el progreso, tenemos que apoyar al Frente Popular en su lucha contra las falanges del feudalismo y la represión. ¡Deseamos para los jóvenes una vida sana y alegre! El Frente Popular nos ayudará con todas  sus energías para el más pronto logro de tal aspiración. ¡Deportistas, jóvenes todos, el triunfo del Frente Popular en España será vuestro triunfo!

Con esta perspectiva, les resultó natural vincular el apoyo al Frente Popular con la campaña en contra de la ‘Olimpiada Parda’: 

“Es indispensable, en fin, ligar la campaña contra la Olimpiada a la de apoyo al Frente Popular. Ni en una ni en otra existen resortes políticos que muevan a los deportistas del pueblo ni maniobras de ninguna especie. Se trata de proteger al deporte. Su más encarnizado enemigo es el fascismo. En defensa del deporte y de la idea olímpica, contra sus mayores enemigos, hay que atacar a la Olimpiada parda. En defensa del deporte y contra sus enemigos de ayer y de mañana, hay que votar en España contra el fascismo y apoyar resueltamente al Frente Popular, que satisfará las reivindicaciones de los deportistas. Repetimos que no basta pronunciarse individualmente, aisladamente. ¡Hay que organizar la defensa del deporte!”  

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  Debate sobre la subvención a la Olimpiada Popular.

El viernes 17 de julio de 1936 tuvo lugar en el Parlamento de Cataluña un debate sobre el proyecto de ley para subvencionar con cien mil pesetas los Juegos populares de Barcelona, que tuvo la virtud de provocar uno de los debates más interesantes de la actual etapa parlamentaria. Era de esperar que, tal como dichos Juegos han sido concebidos, alguien se levantase para oponerse a la concesión de la mencionada subvención. El señor Durán y Ventosa fue ese alguien, y hay que reconocer que dijo todo cuanto debía decirse, con un buen conocimiento de causa.

Si en principio sólo era una palabra -la de “Olimpiada”- la que repugnaba al orador, por lo que indudablemente tiene de competencia intempestiva, pronto pudo verse que era fácil hacer hincapié para rebatir el dictamen con facilidad, en más de un argumento de los defensores del mismo y de los Juegos. Bastaba, por ejemplo, sólo con recoger la diferenciación que establecía el señor Fontbernat entre esta “Semana del deporte y del folklore” y las Olimpiadas de Berlín. Eso de que los atletas que tomarán parte en los Juegos barceloneses han de ser exclusivamente “amateurs”, y que los de las competiciones oficiales son profesionales, no sabemos que pueda justificarse de ninguna manera, porque precisamente, y desde el punto de vista deportivo, sólo se admite en los Juegos Olímpicos a las entidades “amateurs”.

Se pone a continuación a debate el dictamen de la Comisión de Hacienda acerca de la concesión de cien mil pesetas para los Juegos populares de Barcelona.

A las seis menos cinco de la tarde empieza la sesión, bajo la presidencia del señor Casanovas. En el banco rojo, el consejero de Hacienda señor Esteve.

Toma la palabra el señor Durán y Ventosa para consumir un turno en contra. Asegura que es una tremenda equivocación esta aportación de la Generalidad a esa “Olimpiada” popular, porque todo el mundo sabe que no se celebra ninguna otra Olimpiada que la que se organiza cada cuatro años mediante un convenio internacional llevado a cabo por las representaciones más auténticas del deporte del mundo. Los efectos de esta equivocación se harán sentir por mucho tiempo en la vida política catalana.

Canta las excelencias de la cultura física y del deporte. No se trata aquí de censurar a la Generalidad por la inversión de estas cien mil pesetas; no es la cantidad. Si fuese para una cosa bien hecha, lo mismo daría 100.000 pesetas que 500.000. Aquí se habla de Olimpiada popular y todo el mundo sabe que no hay tal Olimpiada.

El señor Durán y Ventosa resume la historia de la reinstauración de los Juegos Olímpicos y añade que el acuerdo de que éstos, en el año actual, se celebren en Berlín, fue tomada por los organismos internacionales que forman parte de ellos. Repite que el Gobierno de la Generalidad no debió prestarse a amparar económicamente un certamen deportivo que quiere oponerse al único que tiene validez internacional y oficial. Para demostrar su actitud, lee una noticia publicada en La Vanguardia, en la que se dice que la Federación de Atletismo Amateur de Francia ha negado que la intervención de los atletas franceses en los Juegos de Barcelona tengan carácter oficial.

No puede hacerse eso de oponerse a un convenio internacional, porque sería poner en ridículo el nombre de Cataluña; nosotros podemos hacer muchas cosas; pero nunca poner en ridículo el nombre de Cataluña.

¿Qué resultado se obtendrá con la celebración de estos Juegos? Es posible que vengan forasteros, vecinos de Tarrasa, de Badalona; los mismos que vendrían en ocasión de una fiesta cualquiera. Además, esa precipitación con que todo ha sido preparado, es funesta para el deporte y para todo. Pudo organizarse con tiempo y ya tendría excusa. Así, no. Añade que los Juegos Olímpicos internacionales, los únicos que pueden ostentar, quiera o no quiera la Generalidad, el nombre de olímpico, se organizan cada cuatro años en una gran ciudad, bajo el patronato de los Gobiernos del país en que tienen efecto. Ahora bien: en el momento en que le correspondía a España el honor de celebrarlos, ¿a qué ciudad le correspondería? A Barcelona, indudablemente. Pero es que cuando llegue a tratarse de la designación, el Comité encargado de ello no podrá olvidar que en Barcelona se intentó llevar a cabo una competencia, una disidencia. ¿Y quién se atreverá a defender lo contrario? El Parlamento debe tener el convencimiento de que con la aprobación de la ley se imposibilitará el que los auténticos Juegos Olímpicos se celebren en nuestra ciudad. Acaba diciendo que está convencido de que todos los diputados saben que, al aprobar el dictamen, hacen un disfavor a la ciudad. Aprobadlo; pero será con los votos en contra de “Lliga Catalana”.

Habla el señor Fontbernat para replicar al señor Durán y Ventosa, afirmando que lo que se ha organizado no es una Olimpiada, sino una “Semana del deporte y del folklore”. Por tanto no hay posibilidad de competencia. Hay, por otra parte, otra distinción: la de que los atletas que toman parte en las Olimpiadas oficiales son profesionales; los que toman parte en los Juegos populares, son “amateurs”. Sigue diciendo que hay que tener presente la circunstancia de que estas fiestas aparecen también integradas por importantes manifestaciones folklóricas. Acaba asegurando que no existe ningún ánimo de competencia. Manifiesta que sólo de Francia vendrán más de 40.000 personas para presenciar los Juegos.

El señor Fronjosa interviene diciendo que después de las palabras del señor Fontbernat, es casi innecesario el que su minoría defienda su actitud, favorable al dictamen. Afirma que no será la primera vez que las grandes ciudades del mundo organicen estos Juegos al margen de las Olimpiadas oficiales. Con esto ya es bastante para que Barcelona se sienta honradísima con la organización de estos Juegos populares. Afirma, por otra parte, que estas fiestas populares tienen un neto carácter antifascista.

El señor Soler y Bru habla, asimismo, a favor del dictamen.

El señor Durán y Ventosa rectifica para afirmarse en sus manifestaciones anteriores, afirmando que él no ha emitido ningún concepto ofensivo para el deporte catalán. Mi opinión de que se trata de una competencia, han venido a reforzarla con discursos los diputados que le han seguido en el uso de la palabra. Hay un detalle pequeño, pero importante: y es el de la cantidad. Sería lamentable que, por lo exigua, obligase al consejero de Hacienda a ampliarla más adelante. Insiste en que, más que otra cosa, se le hace un disfavor a la ciudad de Barcelona al entablar esta especie de competencia con los Juegos Olímpicos oficiales.

Se levanta la sesión a las 7:30 de la tarde.

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  El deporte como arma política.

Durante la II República, una vez convertido el deporte en un fenómeno popular en la sociedad urbana de la época, los comunistas vieron en el deporte un espacio adecuado para organizar a los jóvenes trabajadores ante la desatención de los anarquistas y el carácter menos ideológico y político con el que los socialistas contemplaron dicho fenómeno, dada su fuerte implantación entre la clase trabajadora.

La exaltación del deporte soviético, expresión del hombre nuevo en la nueva sociedad, fue una constante en las páginas deportivas de Mundo Obrero, como medio de acción propagandístico del potencial comunista.

El Mundo Obrero en la sección fija Deporte editorializaba bajo el titular ‘Resumen y propósito’ expresaba con toda claridad el pensamiento comunista hacia el deporte: 

 

Sello conmemorativo de la Olimpiada Popular.

[...] “Lo importante es que el deporte continúa siendo una actividad cultural de minorías. Las enormes masas de explotados viven prácticamente alejadas de él. Todos los prejuicios, errores y falsedades que derivan de ciertas interpretaciones del deporte se ha apoderado de buen número de países. El nacionalismo exacerbado, el chovinismo estúpido -al servicio de negociantes del ‘sport’- siguen desvirtuando las competiciones deportivas. [...] El símbolo de la fortaleza soviética ha encarnado en la destreza física de sus mejores obreros. La U.R.S.S. ha probado su enorme talla deportiva. El socialismo ha ennoblecido el deporte. Mejor aún: lo ha interpretado justamente, lo ha puesto al alcance de todos los trabajadores y de todos los deportistas auténticos. A los de España nos dirigimos nosotros. Frente a la decadencia inocultable de los países capitalistas se alza, no el deporte nuevo, sino el deporte único. Señalado el contraste, nos resta constatar la existencia de una voluntad juvenil -y deportiva- mundial, que va canalizándose progresivamente en torno a quienes sigan el rumbo del triunfo. En España, al comenzar nuestra labor diaria, ofrezcamos el esfuerzo propio y la mejor voluntad en servir a todos los jóvenes deportistas obreros y campesinos; en general, a todos los deportistas auténticos. Nuestra orientación y ayuda se complementará con el apoyo debido a los deportistas profesionales explotados por las grandes empresas y clubes.

Tres consignas: propaganda y apoyo cerca del deporte obrero organizado; atención a todas las manifestaciones deportivas de la juventud laboriosa; defensa de los explotados del deporte.”

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  El 19 de julio de 1936.

Esta era la fecha señalada para dar comienzo a la Olimpiada Popular 1936 en Barcelona. Pero al amanecer del domingo 19 de julio de 1936, una parte importante de la guarnición de Barcelona salió sublevada de los cuarteles, de acuerdo con lo dispuesto desde la Comandancia de Pamplona del general Emilio Mola, que ejercía de director de la conspiración. La meta era derribar en Madrid el Gobierno del Frente Popular y, en Cataluña, el autónomo de la Generalidad.

Así pues, le guerra frustró la celebración de esta Olimpiada Popular. El nuevo orden revolucionario y las necesidades propias del conflicto pusieron fin a Barcelona 1936, justo unas horas antes de iniciarse.

Un atleta belga, escribió en su diario: 

“Las calles están vacías bajo un sol abrasador”. “El la Plaza del Comercio chocamos con las primeras barricadas, cientos de metros más lejos vemos a unos sindicalistas armados. Las barricadas aparecen cada 100 metros. Todas las calles laterales están bloqueadas”. “Nos deslizamos a lo largo de las fachadas de las casas. Las balas silban a través de la plaza. Instintivamente doblamos la espalda y nos refugiamos en un portal.”

Ante el ambiente prebélico que se respiraba, muchos llamados “atletas” vinieron a Barcelona para combatir a la inminente revolución que se estaba preparando, y así no es de extrañar que muchos de ellos se alistasen en las milicias. Ellos fueron los primeros voluntarios extranjeros en los ejércitos republicanos, y el embrión de lo que luego serían las Brigadas Internacionales.

En su mayoría, estos extranjeros no combatieron para defender la República o la existencia de un sistema democrático sino para oponerse al fascismo y llevar a cabo una revolución definida en términos marxistas o anarquistas. También muchos confiaban en que una derrota del fascismo en España podría ayudar a vencerlo en sus naciones de origen. El italiano exiliado para eludir la represión fascista Carlo Rosselli, fue el creador de la frase Oggi in Spagna, domani in Italia (Hoy en España, mañana en Italia).

Así pues, los primeros extranjeros en sumarse a la lucha contra la rebelión militar procedieron de los atletas que se habían dado cita en Barcelona para celebrar una Olimpiada paralela a los verdaderos Juegos Olímpicos que habían de tener lugar en Berlín.

Muchos de los “atletas” eran comunistas, que se sentían indignados porque, a su juicio, Stalin no desencadenaba una revolución mundial. Los comunistas fieles a los dictados de Moscú se integraron en las milicias del PSUC (Partido Socialista Unificado de Cataluña) donde constituyeron la centuria Thaelmann, unidad que combatiría en Aragón desde agosto hasta octubre de 1936. Los que eran marxistas no estalinistas se integraron en las milicias del POUM (Partido Obrero de Unificación Marxista).

En La Vanguardia del día 24 de julio de 1936 se podía leer: “Es tal el entusiasmo que la causa republicana ha despertado en estos atletas que muchos de ellos se han alistado en las milicias populares, saliendo para Zaragoza y otros puntos”. Cabe destacar que el austriaco Jaccod, fue el primer extranjero muerto en la guerra civil española el mismo 19 de julio en la toma de un cuartel militar de los sublevados.

Está claro que nadie pensaba en una guerra de tres años, pero si en una posible Revolución, lo que da a pensar que no fueran todos “auténticos atletas”.    


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