José Calvo Sotelo

«Imitar tu ejemplo será el camino más seguro para salvar a España».

 


  Vida de Don José Calvo Sotelo

 

Don José Calvo Sotelo había nacido en Túy el 6 de mayo de 1893, donde su padre, don Pedro Calvo y Camina, era a la sazón juez de Primera Instancia. Sus ascendientes paternos eran palentinos. Su  madre, doña Elisa Sotelo Lafuente, nació en los dorados pazos de Ribadeo.

Hogar el de sus padres modesto y cristiano, con esa “mediocritas” semiburguesa del funcionario de categoría, que suele ser para los espíritus sencillos escuela de renunciaciones y forja, de la voluntad.

A las diez años, la edad hábil, se matricula Calvo Sotelo para cursar el Bachillerato. Ha demostrado ya en las disciplinas escolares poseer capacidad sobresaliente y aptitudes prometedoras para el estudio: gran perspicacia mental, viveza imaginativa, memoria felicísima, lúcida comprensión. De punta en el Colegio de Santa María de La Coruña y en los Institutos de esta ciudad y de Lugo, donde se le conoce por el alumno aventajado que corona los cursos con matrículas de honor. El titulo de Bachiller viene a él orlado por el premio extraordinario y fama de un aprovechamiento que le ha familiarizado con los secretos de las ciencias exactas y los idiomas.

En el curso académico 1908-1909, arriba a la Universidad de Zaragoza para estudiar la carrera de Leyes. También aquí en la Universidad es el alumno que va en puesto de honor de los estudiantes distinguidos.

Físicamente es el muchacho fuerte, alto, fornido, de anchas espaldas, de frente despejada, ojos penetrantes, piel morena y continente que parece adusto y agresivo; mas, tratado a fondo. se ve que es el mozo alegre y jaranero, tipo del estudiante tradicional, que sabe hacer compatible el estudio con el bullicio juvenil. En las vacaciones forma estudiantinas intrépidas y andariegas, en las que sobresale por la destreza con que tañe la guitarra.

El ambiente de su hogar -trabajo honesto y rigor económico para sacar a pulso la vida- hace a Calvo Sotelo participe, aun siendo estudiante, del esfuerzo común. Como gana en todos los cursos matrícula de honor, alivia a la casa de esta contribución de gastos. Queriendo ayudar a sus hermanos, ejercita las raras disposiciones que tiene para el dibujo haciendo bocetos e iluminando postales, y da lecciones a otros estudiantes de cursos más atrasados. No conoce el descanso y hasta aprovecha los escasos huelgos que le quedan para sacar copias a máquina de autos e informes jurídicos, adquiriendo así una extraordinaria perfección y velocidad mecanográfica.

Con este grupo de compañeros funda en Zaragoza el periódico S-Koba, publicación estudiantil. La inconstancia de aquellos redactores despreocupados hace que tarde en publicarse el décimo número por falta de artículo de fondo. Va a morir S-Koba, le dicen a Calvo Sotelo, que resuelve el conflicto improvisando un artículo de fondo titulado: «Yo quiero ser ministro», a la vez simbólico y profético.

Por entonces ingresa en la Redacción de El Noticiero, de Zaragoza, como crítico musical. Se define por esta época en sus preferencias artísticas como wagneriano; Luego, mAs adelante, el supremo encanto musical lo ha de hallar en Beethoven, en genial dualidad con Wagner.

Termina la carrera de Leyes en la capital aragonesa y alcanza en su licenciatura el premio extraordinario 1912-1913. En los estudios para el doctorado, al año siguiente, en la Universidad de Madrid, se hace acreedor ala predilección de su catedrático don Gumersindo Azcárate, que admira ya en Calvo Sotelo la ciencia jurídica, la vasta cultura elocutiva con que desarrolla doctrinas de Jurisprudencia y sistemas filosóficos y sociales: palabra elocuente, claridad expositiva, justeza y precisión lógicas, rigor metódico. Su tesis doctoral. «El abuso del derecho como limitación del derecho subjetivo» concurre con la de Felipe-Sánchez Román a la oposición del premio extraordinario del Doctorado. Hay algún intento de componenda en el tribunal, porque Sánchez Román es hijo de catedrático y niño mimado de los claustros. Uno de los miembros del tribunal quiere a todo trance inclinar a los compañeros en favor de Sánchez Román para la concesión del premio. Pero Azcárate frustra enérgico la tentativa:

-No admito -dice- la herencia ni el espíritu de clase en estos menesteres. Calvo Sotelo es uno de los alumnos más aventajados que han pasado por mi clase y merece el premio extraordinario. Yo espero de él grandes cosas.

Felipe Sánchez Román ha de contentarse con un accésit...

Calvo Sotelo tiene veintiún años y fama bien ganada de “muchacho que promete mucho” Su tesis doctoral merece los honores de ser publicada y la prologa el propio don Gumersindo Azcárate, que rinde así homenaje público de admiración al discípulo esclarecido.

A poco hace oposiciones a oficial de Administración del Ministerio de Gracia y Justicia, obteniendo la plaza. Intensifica los estudios, se le ve frecuentar las bibliotecas, concurre a los círculos literarios y sienta plaza de polemista en el Ateneo, donde más de una vez contiende con Azaña y el grupo de intelectuales que hacen tabla rasa de todos los valores tradicionales. En estas polémicas crece el prestigio de Calvo Sotelo y se hace temible por su oratoria impetuosa y brillante, su sentido analítico y su profunda preparación en las ciencias económico-soliales.

En 1915 es nombrado secretario de su sección de Ciencias Morales y Políticas. Por entonces la campaña antimaurista enciende en una especie de guerra civil los cuatro puntos cardinales de España. Calvo Sotelo viene ya formando en las avanzadas de aquel grupo brioso que, con arrestos inusitados entonces en la política española, va llevando a todas las regiones la afirmación del «Maura, sí», contra la consigna masónica que desea inutilizar al ilustre hombre público. Calvo Sotelo da pruebas de su capacidad organizadora con la creación de numerosas agrupaciones en Galicia. De su preparación técnica y cultural en materias de sociología y económicas da gallardas muestras con la presentación de dos Memorias a los concursos que abren los jóvenes mauristas de Madrid sobre temas de sociología y economía, y ambos trabajos son premiados. Uno de ellos se titula “El Proletariado ante el Socialismo y el Maurismo”, y en él estudia su autor el problema obrero español, con certera visión del futuro. A la vez Calvo Sotelo desempeña en la Redacción de El Debate el cargo de crítico musical y de Bellas Artes.

El año 1916 oposita Calvo Sotelo a plazas de abogados del Estado, y obtiene entre todos los contrincantes el número uno. Este acontecimiento determina otro feliz y decisivo en su vida, pues, destinado a Toledo, conoce allí a la señorita Enriqueta de Grondona, con la que contrae matrimonio y funda un hogar cristiano y ejemplar. El claustro de la Universidad de Madrid le nombra, en 1917, profesor auxiliar de la Facultad de Derecho.

Dentro del partido maurista es ya un prestigio, y su fama de hombre trabajador, para quien, como él mismo dice, «perder una hora es perder el día», y el acierto que le acompaña para resolver cosas arduas, hacen que el jefe del partido, don Antonio Maura, le dé un puesto en su secretaría particular.

Se convocan las elecciones para diputados a Cortes en 1919. La lucha entre «idóneos» de don Eduardo Dato y «leales» de don Antonio Maura alcanza en algunas regiones caracteres de enconada rivalidad. Un grupo de electores gallegos del distrito de Carballino acude a entrevistarse con el señor Maura, para conseguir de él que les dé el nombre de un candidato de probidad y talento. Los comisionados proponen a don Germán de la Mora Abarca, hijo político del señor Maura. Pero don Germán de la Mora, con el beneplácito de don Antonio Maura, rehúsa. Los electores de Carballino solicitan entonces de su jefe político «el nombre más meritorio del partido para proclamarle candidato». Y don Antonio Maura contesta a los comisionados:

-Van ustedes a tener candidato, ya que me lo piden, como no lo soñaban. Es un muchacho que vale mucho, gran orador, gran polemista, abogado cultísimo y que, además, es gallego. Tal es el candidato; que si no fuera maurista sería pronto ministro. Se llama don José Calvo Sotelo.

Y Calvo Sotelo es elegido en aquella legislatura de 1919 diputado a Cortes por Carballino. Después en 1921 vuelve, a representar el distrito y en el mismo año ha de recibir del señor Maura la segunda prueba del concepto que merece al político y gobernante de entonces.

Maura en el Poder necesita un hombre «totalmente capacitado» para gobernador de Valencia. La capital levantina está agitada y revuelta por frecuentes conmociones sociales. Hay, además, conflictos de orden económico, de dificultades de exportación para la naranja, congestión de mercados, transportes, fluctuaciones de precios. Todo ello viene agravado por otro problema de índole política que agravan los partidos en pugna, republicanos contra monárquicos y aun las mismas fracciones conservadoras entre sí, que son irreconciliables. Requieren todas estas circunstancias por que atraviesa Valencia un gobernador dotado, a la vez que de una capacidad técnica para aportar soluciones económicas, de una potencia apta para producir energía y autoridad, y poner orden en tantas cosas como lo requieren.

-He pensado en ti dice Maura a Calvo Sotelo.

-¡Pero don Antonio! ¿Cómo he de poder yo con esa papeleta? Escoja para ese cargo a cualquiera de tantos como lo desean y están preparados por su experiencia y sus años para gobernar... ¿Se ha fijado, además, que yo estoy incapacitado para ser gobernador de Valencia? La edad legal es la de treinta años y yo no tengo más que veintiocho.

-Pues tú serás el gobernador de Valencia; no puede serlo otro.

Y don Antonio Maura da entonces un decreto para que los gobernadores civiles puedan ser nombrados sin el requisito restrictivo de la edad hasta entonces legal. Calvo Sotelo va a Valencia. Voluntad siempre en ejercicio. Capacidad eminente. Energía indomable frente al delito y el desafuero.

Después de las vicisitudes políticas que acarrean en 1923 el golpe de Estado de Primo de Rivera, Calvo Sotelo tiene ya una personalidad destacada en las referencias que hacen de él cuando aluden a hombres versados en cuestiones de Derecho Municipal. Primo de Rivera lo llama, y en la breve conversación preliminar que sostienen los dos patriotas, queda el Dictador prendado de la maestría y saber con que Calvo Sotelo aporta soluciones a los problemas que, de propósito, suscita en la entrevista el General.

-El Directorio Militar -le dice el Presidente en otra nueva entrevista celebrada a los pocos días- ha acordado iniciar algunas reformas. Entre ellas estima inaplazable la del régimen local. Y para abordarla desea contar con usted. Yo le agradeceré que acepte la Dirección general de Administraci6n Local.

Expone Calvo Sotelo sus reparos. El es un hombre que tiene ya su significación política que le sujeta a una disciplina, y que por gratitud y lealtad no quiere saltar.

-Basta -replica el Dictador-, conozco perfectamente su filiación política y ella es una de las circunstancias que me han inducido a llamarle. Por tanto, usted trabaja con completa libertad y, desde luego, con la orientación a que responden su ideología y sus antecedentes.

Calvo Sotelo consulta con don Antonio Maura; éste le estimula diciéndole que «no es que tenga derecho a aceptar, sino que está en el sagrado deber de aceptar», y el 23 de diciembre de 1923 Calvo Sotelo es nombrado Director general de Administración Local. Cómo llega luego al Ministerio de Hacienda, su labor estructuradora de la economía española y sus empresas políticas en la Dictadura y en los tiempos que la sucedieron hasta el trágico y espeluznante episodio que pone fin a su vida, todo ello queda relatado suficientemente en el curso de esta obra. Asimismo su existencia afanosa y honrada durante su destierro en París.

Como escritor, Calvo Sotelo, además de los numerosos artículos de crítica musical, políticos y hacendísticos que ha dejado en El Noticiero, de Zaragoza; El Debate, A B C, La Nación y Acción Española, de Madrid; La Nación, de Buenos Aires, y otras publicaciones, lega un conjunto de libros, todos ellos de alto valor histórico y jurídico, para estudiar el proceso político de veinte años. Entre esas obras se anotan las dos Memorias ya citadas de su tesis doctoral y del concurso de la Juventud Maurista: «La Contribución y la riqueza territorial en España» (Madrid, 1916); «Consecuencias económicas de la guerra» (Madrid, 1919); «Estudio económico de la Hacienda Pública española en el momento actual» (Madrid, 1929). «Mis servicios al Estado» (Madrid 1931).

Con el título «La voz de un perseguido» se editaron dos tomos de escritos de Calvo Sotelo; el primero: «El estrago del socialismo -La inepcia financiera-La decadencia política», prologado por don Antonio Goicoechea; el segundo: «La desmembración nacional-La autonomía catalana-La Hacienda Pública-Riesgos y errores del marxismo», con una introducción de don José María Pemán. Otro tomo se publicó con el título de «En defensa propia», en el que se hace la exposición e historia de la concesión del Monopolio de Tabacos en las plazas de Soberanía de Marruecos, réplicas a diputados, Monopolio de Petróleos, cuestiones bancarias y otros aspectos financieros y discursos políticos, parlamentarios, documentos, etc...

Calvo Sotelo muere sin haber hecho fortuna en el sentido estricto de la palabra y en contraste con la que pudo alcanzar, de no haber seguido la línea recta que fué el imperativo de su vida. Las anécdotas de su estancia en París, donde tiene que solicitar colaboración es periodísticas para subvenir a las necesidades de los suyos, después de haber sido ministro de Hacienda, son una ejecutoria de alto valor moral que aureola su nombre de probidad y decoro.

Personalmente es bueno, noble, sensible a las emociones puras, amante de su hogar y cristiano ferviente. Tiene amigos en los medios intelectuales europeos, donde ha conocido a Tardieu, a Maurras, a Charles Benoit y al grupo constructivo, selecto y moderno de escritores franceses. También ha conocido en sus viajes a Hitler, Mussolini y Oliveira Salazar, cuyos sistemas políticos ha estudiado profundamente, apreciando las notas características que han de diferenciarlos de un movimiento español. Prevé Calvo Sotelo este movimiento nacional, y en sus declaraciones últimas, al describir la catástrofe de España bajo el marxismo, dice: «España sabe ya de sobra, por la horrible experiencia de estos cinco meses, lo que daría de sí la dominación sin control de unas turbas proletarias fanatizadas por el odio».

Y más concretamente en los días postreros de su vida, cuando el resplandor de la Cruzada anuncia ya tenue con despuntes de aurora la explosión del alma nacional, se exalta entre sus amigos íntimos ante la ventura próxima que él vislumbra con su corazón de español:
 

«La España cristiana, mi España querida, se despereza por fin. Comprende la grandiosa culpa de su pasividad suicida y se apresta a redimirse con la pujanza histórica de su raza Surgirá pronto una santa rebelión de todos los elementos nacionales encuadrados disciplinadamente en las fuerzas armadas, capaz por su resistencia, por su valor y su sacrificio de exterminar el marxismo, de salvar nuestra cultura, de restablecer en las costumbres públicas las virtudes cristianas y de armonizar en convivencias de amor y de justicia equitativa las distintas profesiones y clases sociales. Pero esto ha de ser con la ofrenda a Dios y a la Patria de sacrificios dolorosos de comodidades y haciendas, de auxilios a los luchadores en filas, porque sus vidas salvarán la Patria y el honor de todos».

 


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